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22 - EXTRAÑAS

 

EXTRAÑAS

 

Espigas espigadas

diseminadas en el trigal;

son espigas de cebada

extrañas en su hogar.

 

En los brillantes campos

antaño reinaron,

pero por las de trigo

a ellas reemplazaron.

 

Lloran su desgracia

entre las amapolas,

que prefieren al trigo

y las dejan solas.

 

Siempre que pueden

evocan al centeno,

que era su amigo,

pero se fue lejos.

 

Discriminadas en los campos,

venidas a menos,

han perdido la partida;

no las usa el panadero.

 

Pero en su sabiduría

mantienen un secreto:

bien germinadas,

su néctar es perfecto.

 

Es un regalo de los dioses

que conservan en el tiempo;

elixir de vida,

de los sueños alimento.

 

Imprescindible en verano,

acompañante de invierno,

el dorado de su esencia

permanece en el tiempo.

 

En el mar de espigas,

siempre afanada,

la hormiga acarrea

su grano de cebada.

 

La cigarra perezosa

siempre con su guitarra,

descansando a la sombra,

sin apenas hacer nada.

 

Esos surcos profundos

donde el grano es sembrado

esperando la siega,

esperando a ser segado.

 

El segador trata con mimo

al trigo zalamero,

mientras que a la cebada

pisotea sin esmero

 

aun siendo esta

quien le da sustento

cuando, tras la siega,

llega a casa sediento.

 

Hicimos bastante bien

en desterrar la cebada;

el trigo no tiene igual,

pero brinda con su jarra.

 

Cada cual saque sus conclusiones:

el trigo se lleva la fama,

pero quien alimenta el alma

siempre es la cebada.


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